Verme con una amiga

Hace unos días quedé en encontrarme con una amiga en el parque. Llegué con unos minutos de antelación y ella no estaba. Esperé. Un cuarto de hora más tarde aún no había llegado. La llamé por teléfono pero no contestó. Le dejé un mensaje y seguí esperando.

Dos señoras que pasaban me preguntaron si necesitaba ayuda. Se lo agradecí y les dije que esperaba a una amiga. Me desearon que llegara pronto. Unos minutos más tarde otra señora que venía en dirección contraria se me acercó y me dijo: “¡Hola! Me encontré con dos señoras que me dijeron que me estabas esperando”. Las dos nos reímos, y mantuvimos una conversación interesante y amistosa. Después se fue y seguí esperando.

Llamé a mi amiga de nuevo y esta vez cogió la llamada. Con tantas cosas que tenía que hacer se le había olvidado. Además, había salido y se había dejado el teléfono en casa y al regresar no había mirado sus mensajes.

Hacía un día divino, caluroso y soleado. Así que decidí disfrutar del tiempo, del lugar, de la naturaleza que me rodeaba y de mi propia compañía. Caminé hasta encontrar un valle maravilloso. Se podía oír un ruido extraño y fuerte. Sentí curiosidad. Al bajar al valle podía ver una desbrozadora inmensa limpiando las laderas empinadas del valle. Me acordé de mis nietos; les hubiera encantado ver eso. Nunca había visto algo igual. Me quedé mirando la facilidad que tenía para moverse en esas laderas tan empinadas. ¡Increíble! Un hombre con su perro me vio mirando la máquina, fascinada, y me habló. Hablamos un rato sobre el lugar, el mundo y nosotros. Después caminamos hasta el aparcamiento y nos despedimos. Antes de llegar a mi coche decidí coger otra ruta y disfrutar del sol y la naturaleza un poco más. No había nadie por esa parte y pude meditar y sentirme unida con ella. ¡Fue un día magnífico!

¿Por qué os cuento esta historia? Porque en vez de sentirme desilusionada y frustrada, decidí pasar la tarde bien como lo había planeado. Las expectativas de estar con una amiga no me quitaron de sentirme feliz a mi manera, porque como yo me siento siempre depende de mí. Nadie tiene el poder de hacernos sentir lo que sea a no ser que le demos permiso.

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