¿Permitimos ser programados?

Hablando de programación del pasado, ¿qué podemos decir acerca de la programación de nuestro tiempo? En octubre, las tiendas empezaron a recordarnos que se acerca la Navidad. Hay saldos en todas partes para tentar a la gente a comprar. Algunos caen en la trampa y compran pensando que hacen un buen negocio. Pero ¿lo hacen? A menudo compran lo que no necesitan, solo porque les parece un buen precio. El marketing se vuelve cada vez más sofisticado y mucha gente no resiste la tentación. Las luces navideñas ya están en las calles; otro signo de empujar a las masas hacia el objetivo de quienes crean el programa y se benefician de él.

Vayamos más allá de la superficie de las cosas y profundicemos un poco más para poder ver lo que es bueno para nosotros y lo que no lo es. Tengamos nuestra propia opinión, tomemos nuestras propias decisiones sobre lo que es bueno para nosotros y cuándo es un buen momento para comprarlo. ¡Seamos nosotros mismos!

¿Nos damos cuenta de la programación que nos rodea y de cuántos pican en el cebo? ¿Podemos ser sinceros con nosotros mismos? ¿Nos podemos desatar de la programación, o meternos de lleno? ¿Somos conscientes de cuántas cosas hacemos sin darnos cuenta de que estamos programados?

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