Resonancia

Estaba en el supermercado mirando las flores con la atención en un ramo grande y hermoso, pero los pétalos de algunas rosas ya parecían tristes. Había un chico colocando y arreglando el departamento. Me miró y preguntó si podía ayudarme. Le dije que me gustaba mucho aquel ramo, pero que no lo veía muy fresco y yo lo quería regalar al día siguiente. Muy amable me dijo que esperara que iba a ver si en el almacén había otros. Volvió con un tipo de caja grande que aún no se había abierto. La abrió delante de mí y había dos ramos fresquísimos, iguales al que quería. ¡Eran preciosos! Le dije que me llevaba los dos. Me puso la caja en el carrito, pero eso lo llenaba y no tenía espacio para la compra. Muy atento dijo: “No te preocupes. Déjalo aquí y cuando vayas a pasar por caja te lo llevo.” Contenta hago la compra y paso por las flores para avisarle, pero él no está. La caja y los ramos que no me gustaban tampoco. Lo buscan y viene con la misma caja. Pago y me la lleva al coche. La pone delante para que no se cayera el agua con los movimientos. Todo perfecto. Le agradezco su amabilidad y ayuda.

Continuando con el tema de la semana pasada, os voy a contar algo que me ocurrió hace tres días.

Estaba en el supermercado mirando las flores con la atención en un ramo grande y hermoso, pero los pétalos de algunas rosas ya parecían tristes. Había un chico colocando y arreglando el departamento. Me miró y preguntó si podía ayudarme. Le dije que me gustaba mucho aquel ramo, pero que no lo veía muy fresco y yo lo quería regalar al día siguiente. Muy amable me dijo que esperara que iba a ver si en el almacén había otros. Volvió con un tipo de caja grande que aún no se había abierto. La abrió delante de mí y había dos ramos fresquísimos, iguales al que quería. ¡Eran preciosos! Le dije que me llevaba los dos. Me puso la caja en el carrito, pero eso lo llenaba y no tenía espacio para la compra. Muy atento dijo: “No te preocupes. Déjalo aquí y cuando vayas a pasar por caja te lo llevo.” Contenta hago la compra y paso por las flores para avisarle, pero él no está. La caja y los ramos que no me gustaban tampoco. Lo buscan y viene con la misma caja. Pago y me la lleva al coche. La pone delante para que no se cayera el agua con los movimientos. Todo perfecto. Le agradezco su amabilidad y ayuda.

De vuelta a casa me encontré con un atasco, que me forzó a estar parada en el tráfico un tiempo. Contenta de haber encontrado ramos tan bonitos los miro y ¿qué veo? ¡Los ramos viejos! No me lo podía creer. Pero tampoco entendía el por qué el chico tuviera que llevar la caja al almacén otra vez. En cuanto pude dar la vuelta al coche volví. Al verme, el joven se quedó muy parado. No sabía qué decir. Le dije que me sacara las flores del coche, porque me había dado los ramos viejos. Él decía que no, que habían llegado ese día y que si quería iría al almacén a coger otros. Le dije que estaba tan decepcionada con lo que había hecho que ya no quería flores.

¿Por qué os cuento todo esto? Mencionaba “resonancia” la semana pasada. Cuando llegué al supermercado y me acercaba a las flores mi resonancia interna me decía de no comprarlas allí. Pensé que quería ver lo que había y desobedecí con la intención de no comprar. Sin embargo, el ramo era tan hermoso que decidí comprarlo. Mientras esto pasaba en mi interior sentía la resonancia disminuida dejándome hacer lo que yo quisiera. Yo era consciente, pero pensé que no podía pasar nada malo en comprar unas flores. No solo me tuve que arrepentir de haberlo hecho, sino que después no encontré nada que se le pareciera.

Siempre que desobedezco a mi guía interna, las cosas me salen mal. Yo soy consciente y aún me pillo los dedos llevada por la atracción externa y engañándome fácilmente. Hay mucha gente que siente esa resonancia y no le da importancia. Esa guía es fundamental para todos nosotros. Hoy día es esencial el tenerla en cuenta. Escucha con atención. Puede evitarte mucho dolor.

Los mayores obstáculos nos llegan cuando no seguimos nuestra resonancia interna.

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