Las costumbres ancestrales son tan profundas que muchos deciden seguirlas a pie juntillas sin preguntarse por qué las siguen, aunque seguirlas les cueste muchos problemas y desazón con ellos mismos por sentimientos que no entienden.

Habría que empezar por observarse con honestidad y un alma limpia de juicios propios o adquiridos por el entorno, familia, amigos o conocidos, los medios de comunicación o educadores a todos los niveles. Aquí, la gente navega con sentimientos negativos de todo tipo. La mayor parte del tiempo no sabe lo que siente y por qué lo siente, pero sigue en el pozo del dolor y la confusión. En su profundidad una arrogancia ignorada le tapa los ojos negándole la luz de ver.

Para poder ver se necesita humildad de corazón. La claridad llega con el agradecimiento por todo lo que somos. Sentirse dolido, echarse culpas encima haciéndose la víctima y lo que conlleva es negar justamente lo que somos. Aunque quien lo haga piense que no hace mal a nadie, en su encierro emocional, debe saber que está haciendo daño a la humanidad y creación entera, pues son energías frecuenciales que emanan de ellos y se extienden por todas partes. Somos redes energéticas. Todo lo que pensamos, sentimos y hacemos se comunica a través de esas redes. Así, sería necesario que esta gente se tomara la responsabilidad en serio. No se puede ser responsable de una sola cosa, y que el resto no importe. Todo importa.

Podéis ayudar con vuestra luz o podéis oscurecer con vuestras sombras. ¿A dónde queréis estar? ¿El ser víctima, victimario o salvador? Ninguno de éstos ayuda a la humanidad. Hacer preguntas abre caminos: ¿Qué me pasa cuando se me apaga la luz? ¿Cuáles son los frutos que estoy cosechando? ¿Cómo observo los frutos que se están manifestando?

Compasión por uno mismo sería una manera de empezar. Darse permiso para soltar lo que no sirve y reemplazarlo con pensamientos, palabras, memorias y acciones alentadoras que den fuerza a lo natural en nosotros, a la luz que somos, a la grandeza que llevamos dentro.

Yo soy la fuerza de la vida y tú también.

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