Víctor Hugo dijo algo así como: “Cuando la oportunidad llame a tu puerta, ábrele, porque quizá no vuelva a pasar”.
Si pensamos en las veces que hemos dejado pasar oportunidades, nos sorprendería. Sobre todo, aquellas que serían importantes en nuestras vidas. Aquí, unos momentos de reflexión honesta nos ayudaría a ver las razones que, sin rechazar, sí hemos dejado alejar eso que podría ser de gran ayuda y beneficio para nosotros.
¿Qué fue realmente? ¿Arrogancia? ¿Un ego sin control? ¿Una flaqueza descuidada? ¿Intereses opuestos? ¿Falta de interés? ¿Ignorancia? ¿Estado inconsciente? La lista puede continuar, pero somos nosotros los que debemos ser conscientes de lo que hacemos recordando en todo momento que somos cocreadores de todo lo que sucede en nuestras vidas. Una vez que nos hayamos dado cuenta de esto, todo en nosotros cambiará. Pensemos que cada pensamiento está creando una emoción y ambas manifiestan la acción que sigue.
Si somos creadores, debemos ser creadores conscientes y saber lo que creamos. Eso sucede cuando vives desde adentro hacia fuera y no desde afuera hacia adentro. Es como mantener un jardín bien cuidado. Si lo descuidas se llenará de hierbas de todo tipo y pronto no verás las hermosas flores que plantaste en tu jardín. Las mentes de los humanos también pueden estar como un jardín mal cuidado por negligencia o por ignorancia. Y entre tanto caos, se pierden oportunidades valiosas que cuando nos damos cuenta ya puede ser tarde para alcanzar lo que dejamos escapar sin darle el valor merecido.
Recordemos siempre que dentro de nosotros hay un espacio sagrado donde nada externo puede dañar, un centro intacto que nos sostiene en medio de cualquier tormenta. Si no eres consciente de este espacio, búscalo en tu silencio, y así podrás encontrarlo.
Yo soy la fuerza de la vida y tú también.
